SUPERLIGA POSTOBÓN DE COLOMBIA

Por Comunicaciones - Vie, 09/21/2012 - 16:19

Atlético Nacional ganó la primera Superliga de Colombia.

Atlético Nacional ganó la primera Superliga Postobón el 22 de julio de 2012 tras vencer en ida y vuelta a Junior de Barranquilla por un marcador global de 6-1. Tras el 3-1 obtenido en la ida en el Metropolitano, los verdes ganaron, gustaron y golearon en su casa y rubricaron una nueva gloria en su afamado salón de copas con un 3-0 que sentenció totalmente a favor el nuevo campeonato alterno de Colombia.

Jefferson Duque, recién llegado de Deportivo Rionegro y John Freddy Pajoy, fueron las figuras incuestionables del nuevo título que ya reposa en las vitrinas nacionalistas de un equipo que tuvo además en Avilés Hurtado, Macnelly Torres, Cristian Bonilla y Alexander Mejía a figuras incuestionables de la nueva leyenda nacionalista.

Un dato para la anécdota quedó en el partido en Barranquilla cuando los dos arqueros de Nacional se lesionaron en el mismo partido y tanto Gastón Pezzuti como Franco Armani no pudieron sentenciar en Medellín una nueva vuelta olímpica, al menos jugando el compromiso. Juan Carlos Osorio, en apenas dos meses, consiguió su primer título para los verdes de la montaña que con 17 en su historial son los que más veces tocaron el cielo con las manos en Colombia en nuestro país.

Segundo Titulo:

2011-I: El verde es el campeón,

Por Comunicaciones - Mié, 08/24/2011 - 16:58

Una vuelta más.

Atlético Nacional coronó otro semestre de leyenda y subió a la vitrina otra copa más para su largo prontuario de festejos. El escudo más bordado del balompié colombiano, sumó 11 vueltas olímpicas nacionales y 5 internacionales para alcanzar una categoría mítica. Reviva con nosotros la historia de un título que festejó un país futbolero.

El verde es el campeón, una vuelta más. Nos espera la Copa Libertadores de América 2012. El fin de un camino coronado de gloria colombiana. La revancha de unas últimas 3 participaciones (2000, 2006 y 2008) que no entregaron el plus de históricas para Nacional, sino simplemente de trámite. El torneo por excelencia del nacionalismo, regresa el año entrante gracias a un puñado de jugadores que dirigidos por Santiago Escobar encontraron el tesoro en una lucha de igual a igual que les terminó favoreciendo.

El verde es el campeón, una vuelta más. La rueda de los jugadores en el medio de la cancha solo está en el recuerdo de quienes tuvimos la ocasión de estar en el estadio aquella noche gloriosa del 18 de junio de 2011. La vuelta olímpica acabó y la basura propia que quedó del festejo fue apilada en 5 volquetas. La calma regresó a su sitio y ahora la mente dibuja mejores pasos para el futuro Verdolaga. Pero el éxtasis de aquella noche en que Gastón Pezzuti se recibió de héroe gigantesco de la mitología nacionalista no se olvida jamás. GP32 en la fantástica noche de la coronación, obtuvo el cartón de intocable en Atlético Nacional. Porque con el paso del tiempo en sus dos cortos años de carrera en el elenco Verdolaga, fue recibiendo cada vez más responsabilidades, él se las calzó sin temores y de su liderazgo partieron las mejores ideas y los mejores propósitos.

Seguramente Pezzuti se convirtió en la figura de todos porque hubo sufrimiento. Que el arquero se convierta en el héroe de la lucha significa indefectiblemente que el corazón se aceleró. Que las palpitaciones aumentaron. Que la sangre hirvió de otra forma. Pero vencer sin peligro es triunfar sin gloria. Por esa razón una parte de la leyenda le corresponde al hombre que llegó para acabar con 30 años de historias en Nacional sin campeón extranjero en el arco. Desde Lorenzo Carrabs en 1981. Pezzuti en la serie de penaltis ante Equidad, compró el pasaje sin retorno hacia el lugar a donde viajan las deidades verdolagas de todos los tiempos.

El verde es el campeón, una vuelta más. Aunque perfecta desde lo numérico (fue el equipo que más puntos realizó en el semestre), no está mal decir que la respuesta futbolística del equipo ofreció cambios sustanciales durante el desarrollo del torneo. Nacional hacía sufrir y sufría por parejo. Era picante en ofensiva, pero ofrecía respuestas endebles en defensa, por eso fue uno de los equipos que más goles recibió durante el torneo. Entre sus méritos, de los muchos que tuvo, habrá que anotar su permanente vocación protagónica (fue el equipo que generó más situaciones de gol en el semestre), la eficiencia de su tridente ofensivo (Pabón. Rentería y Mac10) y la eficacia con que sus juveniles se insertaron en Primera para ganarse un espacio por cualidades propias en los diferentes sectores del campo de juego.

El verde es el campeón, una vuelta más. Nacional, jugando por momentos bien, mal o regular, pero sin permitirse disminuir los niveles de entrega, siempre fue al frente. Buscó esas victorias con fiereza y firmeza. Y las consiguió por encima de sus defectos crónicos y de impactos anímicos como la pérdida de puntos ante Cartagena. Además de esa situación adversa, los verdes sufrieron otros flagelos en el semestre que les perturbaron la mente como las seis fechas de sanción a los menores, el castigo con dos partidos a puerta cerrada, por momentos observamos una evidente persecución arbitral que hizo mover el teclado presidencial para frenar tanta injusticia (siete penaltis en contra en ocho partidos), las novelas para conseguir estadio fueron difíciles de maniobrar, jugar en 5 escenarios diferentes de locales (Atanasio, Ditaires, Polideportivo, Cúcuta y Guarne) fue un insulto a nuestra afición, prohibir el desplazamiento de la afición a otras ciudades perjudicó notoriamente y hasta los hinchas pagaron el precio más alto de la historia por una popular: $90.000 en Techo. De todo eso se repuso Nacional, apoyado por su pueblo, lo que habla a las claras de la grandeza de ambos.

Allí apareció el fabuloso Cuerpo Técnico para surfear las turbulencias de la crisis que tuvo a Nacional sin clasificarse a Cuartos de Final por espacio de varias fechas: ni ante Cartagena, ni ante Tolima ni contra Quindío. Solamente ante Pereira a falta de una fecha para concluir el torneo. Y eso que venía de ser líder y de convertirse en el favorito de todos. La personalidad de sus principales figuras soportó todo para llegar al sitio que los instaló en la historia Verdolaga.

El verde es el campeón, una vuelta más. Ya en la recta final de seis partidos, ida y vuelta en tres instancias definitivas como Cuartos, Semifinales y Final, podía suceder cualquier cosa. Ninguno la tuvo fácil. Y entonces aparecieron aspectos a favor que durante tantos torneos estuvieron en contra. Las expulsiones corrieron por cuenta de otros equipos, las lesiones fueron para los demás y las sanciones perjudicaron a terceros. Debido a esto, a Tolima le costó mostrar su mejor nivel, Cali perdió fluidez en su circuito futbolero y Equidad limitó sus opciones por culpa de un técnico temeroso del que nos extrañaron sus actitudes en Techo y el Atanasio. Hasta Caldas sufrió por la otra llave para armar su mejor nómina. Nacional sabía que no estaba muerto ni mucho menos, que a pesar de tantos vaivenes en contra, tenía materia prima para suplir las adversidades y contaba además con un técnico que cultivó el equilibrio, que jamás se sintió campeón antes de tiempo y que lo dijo cuantas veces pudo. La mejor noticia de esos días era que, pese a resignar varias fortalezas (la localía, la contundencia en ataque, los juveniles con la selección), se mantenía entre los favoritos.

Nacional estaba agazapado. No le sobraba nada, pero tampoco tenía menos que nadie. Insertado entre Tolima y Caldas, los favoritos de todos, no era el candidato con mayor presión, aunque ya sabía lo que se siente. De hecho, en los últimos partidos acusó el impacto de tener el protagonismo de todos permanente ante el triunfo en Bogotá contra Millonarios. Avisaba de la mejor forma, que venía pidiendo pista. Se hacía muy fuerte de local, ganó 8 partidos en el Atanasio de 9 que disputó, sumó confianza y fichas anímicas con las victorias en ambos clásicos, Sachi le inyectó mística e identidad al plantel y tenía en vena a Rentería, Pabón y Macnelly. Remar con ese tridente ofensivo, repleto de mística y personalidad, se hizo más fácil.

De esta forma, Nacional logró con el paso del tiempo y los partidos, lo que parecía imposible: depender de sí mismo. Eso fue bastante. Más allá de su fútbol intermitente, la mini-racha de varios juegos sin perder hasta alcanzar la punta tras el asalto a Bogotá, le devolvió la confianza. Tomó un envión anímico y cargó el tanque con un combustible rico en potencia: la hermandad.

El verdes es el campeón, una vuelta más. Otro título para Santiago Escobar en Nacional. De nuevo en compañía de Galeano y ahora con Ángel como PF, Sachi entregó mística, jerarquía y modificó el comportamiento de un plantel aburguesado al que le sacó piezas claves y le sumó obreros, ofreciéndoles la oportunidad de concluir en epopeya. Sachi es un técnico de excepción. Sin dudas, integra el lote de los más grandes que hayan pasado por la Institución. Arquitecto del destino de las Divisiones Menores, Escobar amalgamó varias piezas nuevas al deseo de todos y potenció el rendimiento de un equipo que llegó a la estrella 11 de su historia. Definitivamente, Escobar es un técnico con códigos que no pasa nunca primero por el periodismo que por los jugadores, que sostiene la palabra frente a todos, que dirige y ordena desde la sugerencia y no desde la imposición y por eso tiene eco en el vestuario.

Jugador más, crack menos, los 25 elegidos por Sachi más los juveniles permitieron ilusionarse con un gran torneo desde el principio. Las principales individualidades, tanto para defender, generar juego o definir, llegaron en óptimo nivel futbolístico. La misión de Escobar fue la de moldear un equipo de identidad firme con semejante materia prima. Parecía fácil, pero no lo era. Y el primero en saberlo fue Santiago, que no dudó en arriesgar su propio mito. “Miren miren a Santiago, mírenlo como se ve, dirigiendo desde el banco, con el corazón de Andrés”, deben ser unas palabras que le retumban cada noche en su cabeza tras todo lo que se tuvo que superar y las cosas que tuvieron que pasar para que esa entonación se repitiera seis años después con fervor.

El verdes es el campeón, una vuelta más. Carlos Rentería vino y demostró que el área es su hábitat natural. Acomodó allí su sala y es el lugar de su casa donde más cómodo se siente. Conquistó el Botín de Oro y nos regaló goles de título siendo goleador del campeonato como lo habían hecho solamente Carlos Gambina en 1954, Víctor Aristizábal en 2005 y Sergio Galván en 2007. Enarboló la bandera de la contundencia y fue otro que cambió pitos por aplausos demostrando lo grande que es, un jugador que pivotea y protege la pelota como pocos, que sabe encontrar espacios donde no los hay, que repentiza en una baldosa y que tiene una notable capacidad de anticipación en los diez metros más calientes del área.

Poco a poco a partir de tantos buenos rendimientos individuales, el fútbol de Nacional se hizo indestructible en el Atanasio en donde logró 24 de 27 puntos, y de local más el triunfo ante Itagüí en la Sede, con Cali en Cúcuta y el empate con Quindío en Ditaires. Por fuera del cobijo de su gente, proponía fútbol siempre y ganaba o perdía, pero siempre quería ser más. Ganó en Neiva, en Bogotá, igualó en la capital con Equidad y Santa Fe y perdió los demás. Pero se quedó al final con el orgullo de quedar en paz con la historia.

El verde es el campeón, una vuelta más. Otro que no desentonó fue Macnelly Torres. Vino un solo semestre y dio personalidad. Nacional con él fue diferente. Mejoró ostensiblemente su llegada al arco del frente. Fue un Nacional más asociado, de menos pelotazos, con mayor elaboración, con mayor gusto en el trato de la pelota. Fue un Nacional superior, gracias a la personalidad del jugador costeño. Porque sabe qué es ganar y lo contagia. Porque entiende el mecanismo del juego y si bien se equivoca, atina en muchas partes de su juego y por eso asistió 13 veces a sus compañeros para anotar, de sus pies salieron 9 prepases de gol, cobró 8 faltas que concluyeron con el balón en la red y anotó cinco tantos. Una producción realmente envidiable. Sin lugar a dudas Macnelly prestigió la plantilla de Nacional por su juego y su fina intuición para olfatear flancos vulnerables. Cuando duela su ausencia, florecerán las anécdotas y los recuerdos. Por fútbol o tenacidad, abría puertas que para otros estuvieron vedadas. Su recuerdo perdurará para siempre porque de su temperamento Nacional se transformó de un equipo potencial a un equipo en potencia. Cristalizó una antigua forma de jugar del verde y cuando se le venían los plazos al equipo encima, fue el generador de las ideas que llevaron a Nacional a tener un hombre que puso pases de gol cuando más se necesitaban: en la final. El momento delicado en que se necesita de todo y de todos. Puso serenidad y mensajes certeros como tratándose de un elegido. Esa cuota superior de compromiso y rendimiento a la altura de la cotización.

El verde es el campeón, una vuelta más. Los papelitos del día de la final ya cayeron y fueron recogidos. Las imágenes de la tribuna cantando como poseída por el espíritu de la historia, quedó grabada en la memoria colectiva. La vuelta olímpica de los jugadores y sus familias fue un hecho genuino que brilló en la noche de la coronación. La garganta ya está cansada de gritar. Los ojos molestos de llorar, la mente asediada de tantas alegrías, el corazón irritado de tanta euforia. Es momento de pensar en el futuro: pero qué futuro si el presente es ya. Sí, es ya, pero el futuro obliga. Obliga a que recordemos esta noche pensando firmemente en que todo se puede volver a repetir. Para gloria conjunta del equipo que más celebra en Colombia.